La gente es efímera, la vida corta y el ser humano existencialista. Nos damos cuenta que mañana ya no existimos, que la vida es corta, como aquella hoja que pisaste, aquel amor que dejaste, aquel recuerdo que añoraste. Aquel sabor amargo que te da la decepción es igual de delicioso como el que te da el triunfo. Te das cuenta que la gente no cambia, tu no cambias, nadie cambia. El hecho está en vivir lo que tienes en frente, sentir lo que vives y respetar a la gente que te rodea. Es simple aunque la gente no cambie, tu sigue confiando que cambiará. De seguro el mundo te lo agradecerá.